sábado, 6 de octubre de 2007

Bitácora (01, 03 y 05 de octubre)

Vigesimocuarta sesión- 01 de octubre

La sesión de hoy fue para trabajar en la presentación que pronto deberemos realizar respecto a la clase. Así pues, lo que hicimos fue, básicamente, reunirnos en nuestros equipos correspondientes y hacer una ardua lluvia de ideas. De tal modo, mis compañeros Pricila Dávila y Roberto Aldaba discutieron conmigo sus propuestas, así como yo les expliqué las que me venían a la mente.
A la larga, surgieron distintos temas posibles: el papel social que los patentes juegan a la actualidad, las implicaciones que tiene el diverso uso de la lingüística y la literatura ficticia en relación con la verdad del mundo real. Por ende, después de examinar cuidadosamente cada uno de los casos, concluimos en que el que se prestaba mejor para un análisis estilo Teoría del Conocimiento era este último.
A partir de esto, comenzamos a desarrollar argumentos, conjeturar cuestiones de conocimiento y demás. ¿La literatura se basa en la realidad o la realidad se basa en la literatura? Suena algo muy propio de esta clase. ¿Quién sabe? Para llevar a cabo esta presentación quizá trabajemos con las obras de Julio Verne, quien algunos podrían decir fue el inventor (o mejor dicho, quien concibió la idea) de varios de los avances tecnológicos actuales: viajes a la luna, métodos de aviación, modos de navegación submarina, entre otros. Bien pues, quizá aún falta estructurar un poco más las cosas, pero por lo menos esta clase nos permitió enfocar nuestras ideas en algo concreto.
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Vigesimoquinta sesión- 03 de octubre

Esta clase fue algo especial. Cualquiera diría que contestamos directamente uno de los títulos de ensayo que se nos tiene asignado a nuestra generación del Bachillerato Internacional. ¿Son la razón y la emoción igualmente necesarias para justificar las decisiones morales? La actividad consistió en un caso específico y real: de acuerdo a esto, en China supone haber una computadora que, con base en la información recopilada de varios crímenes y juicios, se encarga de los nuevos conflictos judiciales dictando si alguna persona es culpable o no de cierta acusación, así como la sentencia que ésta deberá cumplir.
Así pues, a cada uno de nosotros se le asigno un papel que debería cumplir para la realización de un debate respecto a que si la idea de usar susodicha computadora representa o no una buena opción para la sociedad y el gobierno en sí. Por lo mismo, la sesión de hoy consistió en una lluvia de ideas personal que cada quien llevó a cabo como forma de prepararse para la siguiente clase, que es cuando concluiremos formalmente con esta actividad.
De tal modo, cabe mencionar que disfruté este tema. La idea es creativa y el caso es en verdad interesante. Siento ciertas ansias por ver cómo nos salen los argumentos a la hora de debatir; de hecho, considero que mis propuestas son lo suficientemente factibles como para permitirme defender de manera adecuada la perspectiva que me tocó y estoy deseoso de poner este pensamiento a prueba. De cualquier forma, lo mejor es no confiarse, supongo. Ya veremos como sale todo esto.
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Vigesimosexta sesión- 05 de octubre

Durante esta sesión continuamos y concluimos con el tema de la razón, las emociones y las decisiones morales. Para ello, llevamos a cabo el debate para el que nos habíamos preparado la clase anterior. Así pues, juntamos las sillas en forma de círculo y comenzó lo que sería una frustrante pero entretenida discusión –nada menos podía esperarse uno de una actividad para la clase de Teoría del Conocimiento-.
De tal manera, mis compañeros y yo terminamos profundizando desmedidamente en el tema. ¿Cómo afectan las emociones en la toma de decisiones? ¿La ley se basa en la lógica? Si la ley se fundamente en la razón, ¿no deberían tener la misma ley todas las naciones? Éstas y muchas otras fueron las cuestiones que surgieron respecto al caso. Por ende, ocurrió lo de siempre, profundizas todo y no concluyes nada (nótese el sarcasmo bien intencionado). En consecuencia, para aquellos que hayan tomado el título de ensayo respectivo, prácticamente se les dio un argumentación casi perfecta para su estudio (ya hasta me dieron ganas de trabajar con ese título por mi cuenta).
Asimismo, la profesora nos pidió añadir en esta entrada de la bitácora nuestra opinión respecto a en qué medida influye la emoción en la toma de decisiones. Personalmente, yo creo que bastante. Por ejemplo, en mi caso, muchas de mis decisiones las hago considerando qué cosas requieren el menor esfuerzo, cuáles son las que ofrecen los resultados más gratificantes o qué tan incómodo es llevar a cabo cierta acción. Ahora que lo pienso, prácticamente todo lo baso en mis emociones. Intento pensar en algún caso, pero no recuerdo alguna decisión que haya tomado con base en otra forma de conocimiento. Quizá ocurra que a veces la emoción y la razón coinciden en lo mismo, por ejemplo, pero es realmente la emoción quien tiene la última palabra. Por percepción sensorial yo puedo decir que algo está frío y ello lo puedo sugerir también, o incluso comprobar, mediante la razón; pero decidir qué tan frío está ese algo depende enteramente de mi emoción, depende de mi punto de vista personal, el cual se ve influido por todos los filtros que tengo como actor de conocimiento. (Por cierto, lógicamente estoy hablando de la toma de decisiones en el estricto sentido de la palabra que indica elegir una opción de entre un grupo cuyas posibles respuestas no son enteramente de verdad absoluta. Quiero decir, no estoy hablando de situaciones como en las que a uno le pidan elegir una figura geométrica con lados y para ello le muestren la imagen de un círculo y un cuadrado. ¿Me explico? Hablo de tomar decisiones donde se busca una verdad más «profunda», si es que así puede llamársele). Consiguientemente, puede uno preguntarse: ¿Qué pasaría si uno usara solamente sus emociones para tomar decisiones? ¿Será que las otras formas de conocimiento afectan a la emoción y, por ende, afectan que decisión tomar?

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